lunes, 7 de noviembre de 2011

Neblina

Suena: "Imagina lo prohibido"
de Juan Pablo Aldaco

La ceguera: algo realmente inimaginable. ¿Se imaginan no ver nada? Nada, en verdad. Ni siquiera la bóveda oscura que rellena nuestras pupilas si cerramos los ojos con fuerza. Pero así, de no ver que ni nada, es algo que tan solo de pensarlo, me dan calosfríos.
Y aunque nos lo imaginaramos, sería simplemente una éterea ilusión de lo que la ceguera es.

Para mí, el sentido de la vista es el más importante porque gracias a él, puedo procesar imágenes y después, plasmarlas en papel. Sé cual es el color rojo y el azul, como es un perro y un gato, diferenciar a un hombre de una mujer (aunque en el metro se complican las cosas) y cosas por el estilo. ¿Pero cómo le hará una persona que no ha visto luz en toda su vida? Me es difícil imaginarlo.
Hoy, llegando a la universidad vi a un invidente rebuscando el suelo con su bastoncillo de caña; las personas le pasaban por los flancos, absortos en sus propios pensamientos, y el hombre que no ve la luz decía al sentirlos cerca "¿Dónde queda la salida?" ¿Dónde queda qué?, le pregunté para rectificar lo escuchado. La salida, me respondió. Está del otro lado, por acá; y lo tomé del brazo. Llevaba una chamarra de esas de tela sintética que sisea al tacto, tenía sus pupilas sumergidas en dos blancos pozos inescrutables. Caminé así, tomándolo por el brazo, hasta la entrada. -Viene un escalón, le decía cuando nos aproximabamos a un peldaño; y él, lentamente maniobraba con su bastón de caña para posar su pie sobre la calle. -Mejor te pongo mi mano en el hombro, me sugirió, y entonces recordé múltiples escenas del metro, en donde los pasajeros guiaban a los invidentes a través de los pasillos multidireccionales. -Sí, está bien -le dije, y continuamos andando hasta la parada de autobuses.

¿Y si nadie le hubiera ayudado a llegar al camión?, me pregunté al camino de vuelta a la universidad. ¿Seguiría allí, girando sus pies sobre el mismo punto, cercano a un jardín que estaba más que alejado de la salida? ¿Sin nadie que lo ayudase?... Todos pasaban de largo, sin siquiera reparar en su presencia, como si no estuviera ahí.
Entonces sentí miedo.

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