jueves, 6 de septiembre de 2012

Veo a un México que llora...


jueves, 06 de septiembre de 2012. 

Veo una calle desierta, donde corre el polvo y el viento; las caras tristes a través de los cristales de los segundos pisos; los taxis que no se detienen a miramientos; los camiones sin personas sujetas de las barras, que llevan sus asientos ocupados por el vacío que han dejado la ilusión y la esperanza; algunas madres entran a las primarias, toman a sus hijos de las filas en donde tres o cuatro niñas lloran sin lágrimas, y piden, entre gemidos, la presencia de sus padres, o de Dios, que ahora se ya se mira muy lejos: ¿Por qué nos has abandonado?. Veo también las tiendas cerradas, las rejas canceladas, los comercios en paro. Parece que por aquí ha pasado la muerte, atestando a la ciudad golpes con su guadaña afilada. La negación a morir causa la reclusión entre cuatro paredes, bajo umbrales borrascosos, apenas iluminados por la luz pálida que entra de la calle. Quizá bombas caen sobre La Moneda, o tal vez a la Casa Rosada la deshacen los kilotones de Videla. Es probable, también, que por la radio la junta militar pronuncie las órdenes del día: “No hablar, sólo callar”; y así, de esta manera, entierren en lo más profundo de los océanos los corazones de nuestra patria, que no es otra sino la que vinieron a fundar los hombres de bronce. Porque no estoy en Chile ni en Argentina, estoy escondido bajo las nubes grises de ésta, la que un iluminado nombraría, la región más transparente: México. Corre el siglo XXI. Las esperanzas se van con los segundos, y al futuro lo llena el vacío. Eso parece.

domingo, 2 de septiembre de 2012

"El hechizo para el amor eterno", leyenda Sioux.

Cuenta una vieja leyenda de los indios Sioux, que una vez llegaron hasta la tienda del consejero de la tribu, tomados de la mano, Toro Bravo; el más valiente y honorable de los jóvenes guerreros y Nube Azul; la hija del cacique y una de las más hermosas mujeres de la tribu.

––Nos amamos...––empezó el joven.

––Y nos vamos a casar....––dijo ella.

––Y nos queremos tanto que tenemos miedo, queremos un hechizo, un conjuro o un talismán, algo que nos garantice que podremos estar siempre juntos, que nos asegure que estaremos uno al lado del otro hasta encontrar la muerte.

––Por favor ––repitieron–– ¿Hay algo que podamos hacer?

El viejo los miró y se emocionó al verlos tan jóvenes, tan enamorados y tan anhelantes esperando su palabra.

––Hay algo ––dijo el viejo–– pero no sé... es una tarea muy difícil y sacrificada. Nube Azul ––dijo el brujo––, ¿ves el monte al norte de nuestra aldea? Deberás escalarlo sola y sin más armas que una red y tus manos. Deberás cazar el halcón más hermoso y vigoroso del monte; si lo atrapas, deberás traerlo aquí con vida el tercer día después de luna llena. ¿Comprendiste?

––Y tú, Toro Bravo ––siguió el brujo––, deberás escalar la montaña del trueno. Cuando llegues a la cima, encontrarás la más brava de todas las águilas y solamente con tus manos y una red, deberás atraparla sin heridas y traerla ante mí, viva, el mismo día en que vendrá Nube Azul. ¡Salgan ahora!

Los jóvenes se abrazaron con ternura y luego partieron a cumplir la misión encomendada, ella hacia el norte y él hacia el sur.

El día establecido, frente a la tienda del brujo, los dos jóvenes esperaban con las bolsas que contenían las aves solicitadas. El viejo les pidió que con mucho cuidado las sacaran de las bolsas, eran verdaderamente hermosos ejemplares...

––Y ahora qué haremos... ––preguntó el joven––. ¿Los mataremos y beberemos el honor de su sangre?

––No –– dijo el viejo.

–– ¿Los cocinaremos y comeremos el valor en su carne? ––propuso la joven.

––No ––repitió el viejo––. Harán lo que les digo: tomen las aves y átenlas entre sí por las patas con estas tiras de cuero, cuando las hayan anudado, suéltenlas y que vuelen libres.

El guerrero y la joven hicieron lo que se les pedía y soltaron los pájaros, el águila y el halcón intentaron levantar vuelo pero sólo consiguieron revolcarse por el piso. Unos minutos después, irritadas por la incapacidad, las aves arremetieron a picotazos entre sí hasta lastimarse.

––Este es el conjuro. Jamás olviden lo que han visto, son ustedes como un águila y un halcón, si se atan el uno al otro, aunque lo hagan por amor, no sólo vivirán arrastrándose, sino que además, tarde o temprano, empezarán a lastimarse el uno al otro. Si quieren que el amor entre ustedes perdure:

“Vuelen juntos... pero jamás atados”

jueves, 12 de julio de 2012

Texto íntegro del discurso de López Obrador - Compartir!! NO A LA IMPOSICIÓN

AL PUEBLO DE MÉXICO

Texto íntegro del discurso de López Obrador
REFORMA / Redacción
Ciudad de México (12 julio 2012).- Empiezo diciendo que la minoría que domina en el país, decidió, de tiempo atrás, para mantener el régimen de corrupción que les beneficia, imponer a Enrique Peña Nieto como Presidente de México.
La estrategia que pusieron en práctica consistió en utilizar sus medios de comunicación y mediante la publicidad introducirlo al mercado para hacerlo figura nacional.
Televisa, Milenio y muchos otros, se dedicaron a proyectar una imagen de Peña Nieto que no corresponde a lo que es y representa.
Con esa fórmula, durante mucho tiempo, Peña Nieto mantuvo una gran popularidad, pero en la campaña las cosas empezaron a cambiar. Poco a poco, la gente se fue enterando por las redes sociales y por otros medios no convencionales, que se trataba de un engaño, de una farsa.
El 6 de mayo se celebró el primer debate y, aun cuando no se transmitió en los canales de mayor audiencia, millones de mexicanos se percataron de que Peña Nieto perdió el debate y quedó evidenciado como el candidato del grupo más corrupto de México.
Posteriormente, el 11 de mayo, Peña Nieto asistió a la Universidad Iberoamericana. Los estudiantes lo encararon y su torpe y autoritaria respuesta, secundada por los políticos que lo rodean, así como la distorsión de los hechos en los medios de comunicación, en particular de Televisa, dio lugar al movimiento #YoSoy132.
A partir de entonces, esta expresión estudiantil, con la demanda del derecho a la información y de no permitir la imposición de Peña Nieto, empezó a despertar a otros jóvenes en todo el país y a sacudir las conciencias de los ciudadanos, sobre todo, de las clases medias de México.
Después de este importante acontecimiento, empezó a crecer el rechazo hacia Peña Nieto y se precipitó su desplome en cuanto a las preferencias electorales. El jueves 31 de mayo, el periódico Reforma dio a conocer una encuesta en la cual la diferencia entre Enrique Peña Nieto y mi candidatura era de apenas 4 puntos. Días después, del 31 de mayo al 4 de junio, nuestro equipo técnico levantó otra y el resultado ya nos daba 2 puntos de ventaja.
Al percatarse sus patrocinadores que Peña Nieto se estaba cayendo, desesperados buscaron reforzar su estrategia mediática y consiguieron el apoyo del ex presidente Vicente Fox. Al mismo tiempo, iniciaron la guerra sucia en mi contra, en contubernio con los personajes que ejercen más influencia en el Partido Acción Nacional.
Sin embargo, lo más perverso e ilegal, fue la determinación de reclutar y alinear a los gobernadores del PRI para encargarles que se ocuparan de obtener votos a como diera lugar, sin escrúpulos morales de ninguna índole.
El 12 de junio, en Toluca, en la casa oficial del gobernador del Estado de México, se reunieron 16 gobernadores del PRI con Peña Nieto y su equipo de campaña. Ahí, se asignaron cuotas de votos por mandatario.
Por ejemplo, Eruviel Ávila, gobernador del Estado de México, se comprometió a conseguir 2 millones 900 mil votos que, casualmente, fue lo que obtuvo Peña Nieto en el Estado de México.
La confabulación de los gobernadores en el Estado de México se tradujo en utilizar recursos del presupuesto público de los estados para comprar millones de votos en todo el país.
Una prueba bien documentada de lo anterior fue el modo en que operó el gobernador de Zacatecas, Miguel Alonso Reyes, el cual asignó a sus principales colaboradores, por distrito y municipio, y está demostrado que manejar n chequeras con millones de pesos para la compra de votos.
En la práctica, en todo el país, el sufragio se adquirió con dinero en efectivo, con tarjetas para la obtención de mercancías, con despensas, materiales de construcción, fertilizantes y otras dádivas.
A los cuantiosos recursos económicos de procedencia ilícita que se ejercieron para la compra de los votos, habría que sumar miles de millones de pesos gastados en publicidad, en encuestas hechas a modo y en el pago a qui nes ejecutaron y apoyaron directa o indirectamente este vergonzoso plan. Todo ello, obviamente, rebasa con creces el tope de gastos de campaña establecido en la ley.
El operativo masivo de compra de votos se llevó a cabo antes y durante el día de la elección. Un caso emblemático es el de los monederos electrónicos de las tiendas Soriana, comercios que fueron vaciados por multitudes d l Estado de México, que canjearon tarjetas al día siguiente y en los días posteriores a la elección.
Aunque la compra del voto se dio prácticamente en todo el país, fue más acentuada en las zonas donde viven los más pobres de México, en especial en el medio rural. En estos lugares se registró el mayor nivel de participa ión ciudadana del país, contrario a lo sucedido en las anteriores elecciones presidenciales y superior a la media nacional registrada en los actuales comicios.
Por ejemplo, en los tres distritos con más población rural de Yucatán, se registró una participación promedio del 86 por ciento. En Chiapas, la participación ciudadana, con respecto al 2006, se incrementó en 118 por cien o y el PRI consiguió 506 mil votos de más.
Asimismo, en las casillas no urbanas, que son el 35 por ciento del total, Peña me gana, entre comillas, con 2 millones 801 mil 042 votos, lo que representa el 85 por ciento de su supuesta ventaja a nivel nacional.
No puede dejar de indignar y entristecer, el constatar, que los responsables de la desgracia de millones de mexicanos, encima de todo, utilicen a sus víctimas, en particular a los más pobres y desinformados, para sostene su funesto poder económico, político y mediático.
Además, fueron introducidas a las urnas ilegalmente infinidad de boletas marcadas a favor de Peña Nieto.
Las pruebas y testimonios que hasta ahora tenemos, nos permiten sostener que se compraron 5 millones de votos, aproximadamente. Tan solo en el Estado de México, Veracruz y Chiapas se adquirieron alrededor de 2 millones d votos.
En razón de lo anterior, y sin tomar en cuenta otras violaciones flagrantes a la Constitución y a las leyes en la materia, podemos resumir que en elecciones libres, la mayoría de estos ciudadanos no hubiesen votado por Peña Nieto.
Estamos ante un hecho completamente atípico. Baste decir que en las 902 casillas especiales que se instalaron en todo el país, donde sufragaron libremente los ciudadanos, el resultado fue completamente distinto: por Josefina Vázquez Mota 27.8%, por Enrique Peña Nieto 28.1%, por mi candidatura 41.0%, por Gabriel Quadri 1.6%, por candidatos no registrados 0.2% y los votos nulos 1.2%. En este tipo de casillas Peña solo gana en 4 estados de las 32 entidades de la República.
En suma, el sesgo que significó la compra y manipulación de millones de votos, no permite dar certeza a ningún resultado ni al proceso electoral en su conjunto.
En el terreno estrictamente legal, se violó el Artículo 41 de la Constitución, que establece que las elecciones deben de ser libres y auténticas.
En consecuencia, el día de hoy, en los términos que establece la ley, presentaremos el juicio de inconformidad para demandar la invalidez de la elección presidencial.
Llamo a todos los mexicanos a no permitir que se viole impunemente la Constitución y se cancele, en los hechos, la vía democrática.
Proceder de otra manera sería renunciar a nuestros derechos fundamentales y admitir la antidemocracia como forma de vida y como sistema de gobierno.
A mediados de la semana próxima, daremos a conocer el Plan Nacional para la Defensa de la Democracia y de la Dignidad de México.
Todo lo que hagamos será en estricto apego a nuestros derechos ciudadanos consagrados en la Constitución.
En especial, reitero que siempre actuaremos por la vía pacífica. No daremos ningún pretexto para que los violentos nos acusen de violentos.
No aceptemos que la corrupción domine por entero la vida nacional. Luchemos por el renacimiento moral de México.
Ciudad de México, 12 de julio de 2012

sábado, 16 de junio de 2012

¿Y nuestra humanidad, apá?


Nota de enfermería: 14:28.- “Ingresa la señora J.M.H., de la tercera edad (96 años), al servicio de urgencias (traída por familiar en portaequipaje de camioneta) consciente, orientada, neurológicamente conservada; con patrón cardio-respiratorio sin alteraciones importantes. Piel deshidratada y pálida, deformidad en miembro pélvico derecho a nivel de tercio proximal con edema y equimosis. Se sospecha fractura de fémur e impacto óseo de pelvis. Refiere el familiar que la señora J.M.H., tuvo una caída de su propia altura desde tres días anteriores al ingreso hospitalario; como la señora vive sola, no pudo trasladarse a urgencias.
“Se coloca venoclisis no. 18, en vena braquial, se administran analgésicos y se monitoriza. A resultados de rayos x se confirma: fractura de fémur en cuña en tercio proximal con riesgo de pérdida de la continuidad de tejidos blandos. No se inmoviliza y se busca traslado al hospital de tercer nivel.
“El traslado no puede ser tramitado por trabajo social porque los familiares de la señora no se encuentran dentro del hospital. Los policías refieren que la familia abandonó el hospital para ir a comer. Hasta el final del turno (20:00) los familiares no regresan a la sala de urgencias.  
“19:30.- La señora J.M.H., se mantiene estable a lo largo del turno. No presenta deterioro neurológico. Patrón ventilatorio eficiente para mantener perfusión cerebral. Hemodinámicamente estable, pasa al siguiente turno.”
José  Bermúdez
Enfermero / Urgencias

Los individuos sometidos a limitaciones a causa de su salud o relaciones con ella, no pueden asumir el autocuidado o el cuidado dependiente, y precisan, entonces, de alguien que resuelva sus necesidades más básicas.
Parafraseo a Dorotea Orem y a su teoría del déficit del autocuidado: un individuo enfermo está limitado en el cuidado de sí mismo, lo que hace necesario que alguien más cuide de él. ¿Pero qué sucede cuando ese alguien más no está dispuesto a cuidarlo y  resolver sus necesidades más básicas? Una respuesta rápida: el individuo enfermo muere. Si nos remontamos a la Guerra de Crimea (1853-56) podemos encontrar que Florence Nightingale se dio cuenta de que si nadie cuidaba de los heridos, estos generalmente, al cabo de unos pocos días, morían, y no por las heridas de guerra, sino por complicaciones nosocomiales. ¿Qué hacer entonces? ¿Cómo disminuir las cifras de mortalidad, que eran tan grandes en esos momentos? Ahora se conoce una respuesta: dar cuidados, sanar, ayudar a la recuperación. Con su estatuto: poner al paciente en las mejores condiciones para que la Naturaleza actúe sobre él; nacía la enfermería.
Sin embargo, a pesar de que existe un amplio bagaje bibliográfico sobre el cuidado de los enfermos, dirigido no sólo a los profesionales de la salud, sino a la población en general, todavía hoy llegan a las unidades hospitalarias casos como el descrito al principio del texto en donde hablar de un descuido no es suficiente. Al abandono de personas de la tercera edad ya se le considera en el Distrito Federal un delito. Pero más allá de un delito, ¿por qué el abandono? ¿Por qué los hijos adultos no cuidan de sus padres ancianos en su etapa más vulnerable, como ellos lo hicieron cuando los hijos eran los débiles y necesitados? ¿Acaso no sería lo más justo, lo más humano? ¿Y qué sería hablar de lo humano? ¿Y lo inhumano?
Sobre lo humano hay muchas concepciones que van desde las teológicas hasta las científicas, en donde no sólo se habla de lo humano, sino también de la humanización, es decir, de cómo, a través de los tiempos, el  ser humano dejó de ser animal para convertirse en lo que es ahora, conservando inherentemente su dualidad; es decir, que sí, somos humanos, y es esta humanidad la que nos permite serlo a nuestro modo. [1]
¿Y lo inhumano? Como dice Savater, en el siglo pasado se pugnó por concebir la humanidad como una forma de dictar normas. Esto se hace porque es humano, esto no se hace porque es inhumano. Aquí es donde entra el vertiginoso remolino de contraposiciones acerca de lo que sí es humano y lo que no. Y es que persiguiendo una concepción científica de la humanidad —la evolución del neocórtex, la lucha por satisfacer nuestras necesidades, el desarrollo de sentimientos y raciocinio especializado— todo lo que haríamos sería totalmente humano por el simple hecho de que un humano está forjando su voluntad.  Contrariar la  posición de Terencio: “Soy humano y nada humano me es ajeno” con esta, descrita también por Savater “La humanidad estaría formada por la acumulación sucesiva de las pieles normativas que el ofidio  humano ha ido mudando a lo largo  de los siglos y  a través de las sociedades.”[2], es observar cómo dos posturas persiguen una distinta connotación social, es decir, que quieren ser entendidas de distinta forma. Porque transformamos el mundo se manera que se amolda mejor con nuestros deseos y necesidades, pero también hacemos regresiones a nuestra dualidad animal, que se concentra solamente en el bienestar propio, e incluso, es posible hablar también de la supervivencia del más fuerte. Y en este punto me pregunto:
¿Qué  somos entonces si, por la supervivencia del más fuerte, un hijo fue capaz de abandonar a su madre gravemente enferma en un hospital sin acercarse  siquiera a preguntar sobre su estado en ocho horas?
Me parece que es más fácil hablar de lo humanizados que estamos, al lograr mejorar nuestro entorno para nuestro beneficio; construir mejores hospitales, desarrollar tecnología en la reconstrucción de huesos, investigar en la producción de medicamentos que disminuyan el dolor por una fractura, etcétera; y más difícil hablar de lo poco humanos que somos. Porque actuamos hominizadamente, y en lugar de que nuestros actos sean llamados humanos, deberían ser hominizados. Para que un hombre sea realmente humano, ya no sólo debe tratar de mejorar su entorno y satisfacer sus necesidades; también debe procurar las mismas condiciones para sus semejantes y así convivir en una armonía ética y moral.
Si una persona no puede cuidar a otra persona, y aún más si esa persona es su madre, y asegurarle un bienestar, por lo menos fisiológico, es porque esta persona es un homínido que no ha aprendido a ser humano. 


[1] Savater, Fernando, El valor de Elegir, Barcelona, Ariel, 2003, pp. 163
[2] Íbid, pp. 171-2

martes, 5 de junio de 2012

"Life it seems will fade away, drifting further everyday".



Ya me había ocurrido esto antes. Y de hecho, compuse unos cuantos versos para rememorar ese día... Ese día en que renuncié a la ayuda de la sanidad mental. Ya ni recuerdo porqué me había socavado el alma. Vivía un periodo difícil, creo que sí. ¿Quién no vive periodos difíciles? El punto es que, como ahora, sentía que, día a día, minuto a minuto, la sensación de desolación iba cubriendo la totalidad de mi pensamiento. Me costaba mirar las cosas, me sentía apartado de la realidad, incluso creía ser otra persona. Traté, en vano, de explicarme lo que sucedía conmigo, pero nada, ni siquiera una mal lograda terapia, lograron evitar que colapsara: que una crisis de ansiedad se hiciera presente cuando yo visitaba el pasillo más recóndito de los sanitarios escolares. Sensación horrorosa aquella. Sentía que moría, o que convulsionaba, o que mi mente se derretía como una cera prendida de más. Aminoró aquel paroxístico choque, y, pronto ya me hallaba en paz, con las lágrimas exorcizadas y la cabeza limpia. El convulsivo océano que se agitaba en mi cerebro había hallado al fin un cauce para salir. Pero la sensación de ser tocado por la fría manaza de la muerte no lo valía. Ahora creo que hay otras formas de vaciar aquel tornado interior y regresar a un estado de paz interior. Quiero conocerlas...
La escritura me ha ayudado a sobrellevar esta presión externa que proviene de un lugar, para mí, ignoto. Estoy sano, no me he enfermado ni siquiera de gripe. Tan sólo he tenido bajadas de presión arterial, pero eso se lo adjudico al miedo que me inspiró ver una reparación de hernia inguinal, misma a la que seré intervenido en unas cuantas semanas. Quizá, esto último es la causa de este estrés que me amarra los huesos. Según mi conciencia, yo no le temo a la muerte; más bien, temo el sufrimiento del medio morir: a quedar en un estado tal que provoque, a los que me rodean, un sentimiento de culpa, lástima, o algo por el estilo.  
Podría pensarse que me estresa la escuela. No, no lo hace. La escuela es, de hecho, un sitio en donde puedo hallar camino para airearme la cabeza, divagar en mi soledad, y aprender lo nuevo. Descubrir... Ha terminado el semestre. He obtenido buenas notas, otra vez, haciendo apenas un esfuerzo. La escuela se me da, es fácil. Consiste en tomarle las medidas, y jugar, cada vez que es requerido, con ellas para obtener un resultado satisfactorio. “Todo está planeado. Todo es estrategia”.
Para distraerme en estas vacaciones tengo un bonche de libros por leer: La señora Dalloway, de Virginia Woolf; Fuga en Mi Menor, de Sandra Lorenzano; Obra Poética, de Fernando Pessoa; De Profundis, de Oscar Wilde; Alteza Real, Tonio Kroger, y Hombre y Perro, de Thomas Mann; Entre dos Aguas, de Rosa Ribas; etcétera. Además, mañana iré con Tenshi a Chapultepec, y daremos una vuelta por los parques. Creo que también me hará bien salir con relativos.
A manera muy aspergiana, no tengo nada más que decir. 

Me voy a Júpiter. 
Adiós.
José.

miércoles, 25 de abril de 2012

Par de poemas (dizque)


SONETO A MI BANDERA

Alzóse valiente, la flama roja,
brotando en agua, del suelo al cielo.
Miren allá, a ella; sola se forja,
sólita ondea, solita al cielo.

Persiguiendo vientos, siempre espera,
donde flamea, roja roja mi bandera.
Serena angustias, entierra las armas.
revive leyendas, ondea batallas.

Hubo alguna vez de ser apresada
Como un ave de pedreros, sosegada
encandilada, enclaustrada y asesinada...

...traspasada, y finalmente, olvidada…
Corretea al viento, y dime ¿podrás tú,
con una red, traer a la vida encarcelada?


GLOSA AL RÍO ARGENTIS

Caer desde Auftorem al lago Quidceo,
Y soñar con el cielo y oler los dulzores
de hacerle a la vida ningún abucheo,
y de vivir subiendo, sin saber a dónde subes.

Llega por el río la sangre de mi pueblo,
con fríos destellos, cristales del suelo,
ensueños de bosque, torrentes que veo
caer desde Auftorem al lago Quidceo.

Serpentea el río, saludando al puente,
deseando tener sed y piernas y sienes,
y aspirar la brisa de una tarde caliente,
y soñar con el cielo y oler los dulzores.   

Pero tú eres el río, solo llevas la sangre,
Si yo fuera un ave, seguro y aleteo;
pero como soy hombre, no tengo hambre
de hacerle a la vida ningún abucheo.

Porque de eso tratan tus verdes cauces
Y todos mis cauces, de lo mío.
Solo trata de extenderte con bravío,
 y de vivir subiendo, sin saber a dónde subes. 

jueves, 19 de abril de 2012

Fragmento de la tarde aquella cuando nevó en Peterwall.

Two men at a Table, by Seymour Tubis

Llegamos al Van Delicious. Traía el corazón agitado como la marea en julio. Quería  pensar, necesitaba preparar mis diálogos  porque lo que habláramos en esa cafetería definiría el trato de los días consecutivos. ¿Serían agradables o, más bien, bochornosos? Sentí entonces el revuelo de los menús que se desplegaron ante mis ojos. Había llegado hasta una mesa y estaba bien sentado sobre un asiento de terciopelo  rojo. Matthew estaba frente a mí, leyendo concienzudamente su menú. Y yo ni siquiera me di cuenta haber tomado la mesa. Mi pensamiento estaba en otro lado. No, mi pensamiento estaba en la noche anterior.  
Matthew tosió y carraspeó la garganta como si se dispusiera a decir algo. Sudé frío, me sentí de piedra, sin aliento. En un impulso por comprobar mi estado pellizque mi piel  debajo de la camisa, luego abaniqué el menú para sentir un frescor natural, y no de muerte como el que invadía mi columna. Ahí Matthew me concedió una breve mirada. Quizá notó que algo no andaba del todo bien conmigo, que tenía  un mundo encima de mis hombros, o más bien, ideas opresivas del tamaño del mundo sobrecargándome el cerebro. Sonrió con sus finos y rosados labios, una sonrisa hermosa, si piden mi opinión; luego volvió la atención al menú.
Llamó al mesero.
Al fondo del local, de una puerta  de dos alas, salió un joven finísimo de cara jovial (aunque cansada) con su uniforme a franjas cafés perfectamente planchado. Y de pronto vi en dónde estaba sentado. Hasta ahora caía en cuán lujoso era el local. ¿A dónde me había metido Matthew? ¿Tendría que pagar lo que yo consumiera? Quizá los precios fueran exorbitantes y aún no disponía de salario. Sin duda Van Delicious era un sitio caro. De buenos bolsillos se pagaban la limpieza y el retoque de los pisos de roble. Los meseros no se pagaban con simples propinas, y los hornos consumían combustible natural, sin duda. Además, ¡miren cuantas luces en el techo!, todas circulares alumbraban el techo rosado produciendo una sensación de calidez, a pesar de pasar por días fríos.
Ordenamos. Él pidió una crepa Windsor y un chocolate en leche de cabra, pero... su voz con el mesero sonó diferente, como fría y... y... y un tono que no puedo describir, pero sé que me apené y sentí un poco de lástima por el mesero. A mí no me hubiera gustado que alguien se dirigiera de esa forma a mí persona. Sin embargo, pensé de pronto, creo que Matthew es así, o sea que así ha sido siempre; se dirige a las personas con frialdad, e incluso, desdeño, maldad. No, no, qué estuve pensando en ese momento. ¿Juzgar a una persona por cómo ordena su comida en una cafetería? ¿En serio, Iago? Entonces me burlé de mí, pero ni eso borró el sentimiento de condescendencia para con el mesero, quien me miraba esperando mi orden. Pedí  un helado de fresa. ¡¿Helado?! ¡¿Con ese clima?! Sin duda tenía la cabeza en otra parte; no, tenía la cabeza en la noche anterior. El mesero  y Matthew me miraron con suspicacia, y ternura, tal vez. Quizá  me vieron actuar serio, rígido, como quien nunca ha entrado en tan lujoso lugar a comerse una crepa o un bollo. Y a decir verdad nunca había entrado en un lugar así; comía y cenaba la mayoría de las veces en Cherry Dinner.
Y entonces no se cómo, que, nervioso, torturando mi cuello para evadir las miradas inquisitivas de Matthew y del mesero, que miré a través de la ventana y me quedé como hipnotizado por la hermosura de lo que veía afuera.
Estaba nevando.
El recorte de la ventana causaba que la nieve se dibujara dentro de una pantalla, como un lienzo o un fotograma que se expone en televisión. Los copos blanquísimos, tersos, livianos, caían sin prisa al suelo. Parecía que jugaban en el aire, que disfrutaban su caída lenta hacia la alfombra de nieve esponjosa en el suelo. Ver la nieve y sentir la poderosa fuerza de ese blanco que sólo puede ser recreado en una nevada, me hicieron recordar de dónde venía. En Bluebrücken nevaba con frecuencia en temporadas frías, pero en Peterwall era la primera vez que ocurría un suceso parecido. Poco a poco, los puntos blancos fueron rellenando la calle, los quicios, las estatuas, los postes de luz, los bordes de las ventanas, todo; en un segundo la ciudad se envolvió en un helado velo de novia cuyo albor centelleaba como la luz del sol.
—¿Qué ocurre? —preguntó Matthew notando que mi mente y mirada estaban puestas en otro lugar.
Yo, intentando con todas mis fuerzas no romper el vidrio de aquel recogimiento divino del ver caer la nieve, susurré apenas, señalando el ventanal:
—Mira... la nieve.