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lunes, 26 de marzo de 2012

Pi, el orden de caos.


Al igual que otros directores de cine de arte, el bagaje fílmico de hecho por Darren Aronofsky es pequeño, comparado con las listas de los magnates de Hollywood como James Cameron. Así pues, es preciso denotar que una cosa es cantidad, y otra, muy distinta, calidad. Y Darren Aronofsky puede distinguirse del resto del mundo fílmico con su calidad infinitamente impresionante. Las generaciones jóvenes lo podemos identificar con películas como Réquiem por un sueño (EUA, 2000), El luchador (2008), y la que le valió una nominación al Óscar en la categoría de Mejor Director: Black Swan (2010). Pero antes de todo este glamur y reconocimiento –no por menos merecido–, llegara a su vida, Darren hubo de debutar unos años atrás con un filme que le devolvió vida al cine de suspenso y thriller. Pi, el orden del caos (1998), ópera prima de Aronofsky, cuenta la historia de Maximillian Cohen, un brillante matemático, que de niño sufrió una afección ocular a causa de mirar el disco solar varios minutos (razón por la que se editó, a manera de inmersión en los ojos del protagonista, a blanco y negro) y por lo cual, desarrolló migraña y excéntricamente, un carácter limítrofe con el estado autista. Su patológica timidez y su inconclusa paranoia lo orillaron, quizá, a otra afección psiquiátrica, un trastorno obsesivo con las matemáticas; porque Cohen consideraba, y luchaba por demostrarlo, que el universo en su totalidad podía ser explicado con una base matemática absoluta. La bolsa de valores se convierte así en su más cercana aproximación al cálculo y predicción de fenómenos que se rigen por los números. Todos los datos que considera fenómenos naturales-matemáticos, o los anota en periódicos gastados o en su ordenador gigante. He aquí que un día, la máquina le devela una serie de números que bien podrían sumar 216 dígitos.
216, 216, 216, 216...
Creyendo que tal comportamiento del ordenador podía solamente deberse a un error programático, tira la impresión y decide desembarazarse del asunto, que era, en primer plano, el comportamiento natural de la bolsa. Tan de súbito como son las coincidencias, los encuentros y los desvaríos en esto que se llama destino, el matemático ya se halla sumido en búsqueda del mismo dígito que una tarde desechó en la basura, pues para el grupo de judíos con el que congenió después, puede tratarse del nombre del mismísimo Dios; y por otra parte, para un grupo de economistas, es la clave para engendrar riqueza y poderío sobre el crudo mundo bursátil. 
Es una obra que se define por su magnífica fotografía que revive las técnicas de la ciencia ficción clásica, amoldada, por supuesto, a la visión detallista del director. Por los frescos rieles de su banda sonora corren, sin duda ni falsaría, las actuaciones de Sean Gullette y Mark Margolis. La compone una trama confusa, clarividente y a momentos, reveladora; y en otros, inspiradora. Es un batido de emociones truculentas, mentes distorsionadas, imágenes barridas y datos sinsentido; ingredientes vertidos en un bol que gira y gira, igual que el mundo: sin detenerse.

©MMXII

jueves, 17 de noviembre de 2011

Tan sólo en la imaginación


Por: José Bermúdez Hindemburg. 
"En este momento, la Iglesia necesita un guía que tenga fuerza para traer grandes cambios al mundo. Que busque la conciliación con todos. Que tenga para todos, amor y capacidad de comprensión. 
Pido perdón al Señor por lo que estoy a punto de hacer. Y no sé si sabrá perdonarme. Pero tengo que hablar al Señor y a vosotros con sinceridad: Estos días he pensado mucho en vosotros y por desgracia he comprendido que no me veo capaz de desempeñar el cargo que me ha sido confiado. Me siento entre aquellos que no pueden conducir a la gente, sino que deben ser conducidos. En este momento tan sólo  puedo deciros que recéis por mí. El guía que vosotros necesitáis ahora no soy yo. Lo siento, pero no puedo ser yo." *

El 26 de agosto de 1978 se eligió al cardenal Albino Luciani como el 263er sucesor de Pedro en la tierra. Se hizo llamar Juan Pablo I. El papa de la sonrisa. Todavía no entronizaba en la cátedra de Pedro cuando ya había instaurado cambios, rechazaría la coronación y la tiara papal en la ceremonia. Esto iba en contra de la Constitución Apostólica proclamada por su predecesor. Los aires que su novísimo pontificado llevaban un gran dejo de reformas y cambios. Y a la Iglesia Católica Apostólica y Romana nunca le han gustado los cambios. Treinta y tres días después de la fumarola blanca sobre la capilla Sixtina, Juan Pablo I regresó a la casa del padre, terminando así el cuarto pontificado más breve de la historia. Desde entonces, se han levantado múltiples hipótesis en torno a su muerte. La santa sede, en un comunicado, afirmó que falleció de un infarto en su cama. Pero las palabras que había plantado como pequeñas semillas en el corazón de los fieles, probablemente, le comenzaban a cavar una tumba que ya no tardaba en ser estrenada. Una de sus más polémicas declaraciones fue la que hizo acerca de la homosexualidad y las uniones entre parejas del mismo sexo:

“Debemos encontrar el gran coraje dentro de nosotros, dejando de lado el prejuicio y el odio que ha sido implantado por nuestros antepasados cristianos, y debemos sostener esta clase de unión santa, en la confianza santificada ante Dios Todopoderoso siempre que esto exista entre cualquiera de los hijos de Dios: entre el hombre y la mujer, o blanco y negro, o cristiano y judío, o creyente e incrédulo, o alemán y ruso, o derecho y plebeyo, o virgen y divorciado, o hombre y hombre, o mujer y mujer, o hermafrodita y eunuco, o lo que sea.”

De lo anterior podemos destilar una sola premisa: La Iglesia Católica, en ese momento, no estaba lista para un cambio tan profundo que implicaba defender la propia razón incluso si íbamos en contra de nuestro padre, pareja, político, o Dios. Así lo dijo Juan Pablo I, el papa “Gay Friendly”.
Han pasado 33 años desde aquel pontificado que terminó en desgracia. Su sucesor, el Beato Juan Pablo II dejó de lado las ideas de Luciano y regresó a los aires del incienso consagrado. No por esto no propuso un gran cambio en el mundo del siglo XX, pero fuera de eso, el espíritu revolucionario de Albino terminó por consumirse igual que un pabilo olvidado. 
Año 2011 y la Iglesia sigue sin comprometerse a grandes cambios. O al menos, el filme “Habemus Papam” de Nanni Moretti (Francia, Italia 2011) es lo que nos trata de decir con su ¿y qué hubiera pasado si...? El filme es una retrospección a la semana que siguió a los funerales del Beato Juan Pablo II. ¿Qué hubiera ocurrido si Ratzinger, el predilecto para ocupar la silla de Pedro el Apóstol, hubiera sido ensombrecido por la elección de un cardenal ignoto para la mayoría de las personas? Y que este nuevo papa, al momento de dar la bendición Urbi et Orbe sufriera un ataque de pánico, ¿qué ocurriría?
A Moretti se le antojó plasmar en el celuloide un filme en el que el recién electo papa sufriera una crisis existencial que lo llevaría a huir de las murallas vaticanas (y quizá de un psicoanalista ateo) por tres días. En estos tres días se fijaría como meta recordar. Recordar aquello que quiso ser y por alguna razón no pudo. Encontrar una razón, un gancho del que quisiera pender el resto de su vida. Después ya regresaría con una mente más clara, aireada y fresca.
No es un filme en el que predominen los sarcasmos, ironías e imágenes caricaturizadas de la curia romana, es en cierto modo, vista desde un punto neutro que da una especial cabida a la percepción propia del cine espectador. Sin duda, una película que vale la pena ir a ver a los cines, y justo saliendo de la sala, ponernos a meditar sobre el mensaje.

Y sí, como dice la esperanzadora canción de Mercedes Sosa, incluida en el film:
                                                                                                                    
“Cambia, todo cambia.”


Trailer y Ficha Técnica


Título original: “Habemus Papam”
Director: Nanni Moretti
Actores: Nanni Moretti, Michel Piccoli, Jerzy Stuhr, Renato Scarpa, Margherita Buy
Guionistas: Nanni Moretti, Francesco Piccolo, Federica Pontremoli
Año: 2011
Duración: 102 min
País de producción: Francia / Italia
Web oficial: http://www.habemuspapam.it


*Diálogo de la película.